Traducción del Prólogo a la Colección de Poemas del Pabellón de las Orquídeas

Orchid pavillion

Al inicio de una tarde de primavera, en el noveno año del período de la Eterna Armonía, correspondiente al año de Buey de Agua. Reunidos, nos dirigirnos al Pabellón de las Orquídeas, para purificar y limpiar las energías, bajo la sombra de las cordilleras cercanas. Sabios y virtuosos, jóvenes y ancianos, unos junto a otros formamos el grupo.

Rodeados por altas cimas y escarpadas montañas, bosques frondosos y enormes bambúes. Las aguas cristalinas del arroyo, fluyen con rapidez reflejando la luz que resplandece en ellas. De izquierda a derecha, reconducimos el curso sinuoso de las aguas, para dejar en ellas flotar nuestros vasos.

Nos sentamos en hilera junto a la orilla. Aun cuando no nos acompañan los sonidos de las flautas de Bambú, ni la música de cuerdas del Hsien, alternar uno a uno las copas de vino con agradables coloquios, cantos y poemas, nos motiva a expresar nuestros sentimientos más profundos y sinceros. En este día, pleno de luz y de aire puro, transcurre el viento plácidamente. Si miramos arriba, el inmenso universo. Si miramos abajo, la multitud de seres. En este entorno, desplegar la mirada y abrir el corazón, extreman el placer de los sentidos. ¡Tanta felicidad, nos llena de alegría y nos  invita a reír!

Durante el breve tiempo que dura la existencia, las personas abrigan sus afectos y se reúnen entre amigos. Para sus confidencias, unos prefieren la intimidad de sus casas. Otros, se entregan con libertad a sus pasiones y se decantan por los espacios externos para expresar sus sentimientos. Apacibles o ruidosos, los distintos temperamentos se alegran por igual al obtener sus logros temporales. Momentáneamente se sienten satisfechos, y son felices sin percatarse de la ineludible vejez. Después, cuando se encuentran exhaustos y fatigados, los sentimientos se transforman al igual que las circunstancias, dando lugar a la nostalgia. En un suspiro, pasan las alegrías, que se agrupan en los espacios ya vividos. No hay manera de evitar la emoción en los recuerdos. La vida larga o corta, sigue consecuentemente las leyes de la transformación. En la antigüedad, una persona dijo: “nacer y morir son igualmente de gran importancia”. ¿Esto es todo? ¡Es acaso tan desolador!

Cuando leo las obras escritas por los antiguos, observo como si afligidos por igual, hubiesen pactado expresar los mismos sentimientos. Incapaz de explicarme, sus textos me conmueven. Dicen que es igual nacer o morir, por naturaleza sé que no es lo mismo. También es absurdo decir que da igual ser longevo que morir joven.

Tristemente, los lectores del futuro mirarán el ahora como en el presente miramos el pasado. Por lo cual, escribiré los nombres y escritos de todos los presentes.

Aunque cambien los tiempos, las generaciones y las circunstancias, todos los seres por igual abrigamos las mismas emociones. Tal vez, aquellos que en el futuro lean esta obra, sientan también su corazón conmovido.

Prólogo Pabellón de las Orquídeas

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