Lan Hua 兰花 – Orquídea Silvestre

Lan Hua 兰花

Si el bambú, es el caballero que nos abre las puertas de entrada a los senderos de la tinta y el pincel, la orquídea de oriente, con su sensibilidad, es quien nos ofrece la bienvenida.

A diferencia de las orquídeas cultivadas, la orquídea silvestre de oriente, se esconde entre las rocas o se refugia discretamente en el paisaje. Crece en zonas apartadas e inaccesibles de bosques y montañas. De manera reservada y silenciosa, con sencillez, es la encargada de mostrarnos la grandeza de las cosas más pequeñas.

Aprender a pintarla es sin duda un privilegio, pero también un compromiso. Con cada nueva pincelada que nos muestra la orquídea, se despierta un compás interior en los sentidos. De nuestra atención, depende tener la oportunidad de acceder a la integridad de su enseñanza sutil y profunda.

Sus elegantes hojas, que se alzan con una presencia sosegada, me enseñaron que delicadeza y fortaleza son virtudes afines. Esta pequeña planta, que podríamos fácilmente perder de vista si apuramos el paso, se caracteriza por su resistencia y autosuficiencia. Busca reguardo junto a los árboles o al abrigo de las piedras, vagamente ligada al apoyo y a la protección que éstos le brindan.

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Se la reconoce como un carácter tenaz, capaz de crecer de manera independiente, en lugares recónditos, donde muchas otras plantas no podrían mantenerse. Al margen de todas las dificultades del entorno, sin excesos, logra con moderación encontrar su lugar en el camino, para conservar el brillo, la gracia y el perfume, atributos que le han llevado a ser símbolo de exquisito refinamiento y entereza, honrada de forma muy especial por la cultura oriental.

Lan Hua421Y entre las hojas, a la luz de la primavera, se abren sus pequeñas flores. Discretas pero evidentes, parecen danzar al ritmo de un viento casi imperceptible. Ellas no esperan ser descubiertas, ni admiradas, para desplegar sutilmente su tenue fragancia, representan a la vez modestia y humildad, valores que enaltecen la nobleza del espíritu.

En el camino del sumie, la orquídea nos muestra en armonía el equilibrio entre fuerza y sutileza. Si nos permitimos ser guiados por ella, en cada movimiento del pincel, los pensamientos se disuelven y la soltura se manifiesta unida a lo inevitable, desplegando así los espacios de la naturalidad. Mente y corazón se integran al unísono, dejando al descubierto la magnificencia de la naturaleza en nuestra vida.

Según los antiguos textos sobre los fundamentos de Pintura China, pintar la orquídea es como cantar los mantras sagrados. La armonía de las pinceladas y la sutil diversidad de sus tonos, pueden llegar a vibrar en consonancia con el Todo, al compás del ritmo creativo de nuestro universo individual.

En el ámbito del espíritu, la orquídea silvestre representa la esencia íntegra y cíclica del nuestro ser, junto a la capacidad de crear y de permanecer. Sin escatimar, nos devela el júbilo que emana sin mayores pretensiones, simplemente por el estar de manera consciente, ser y dejar ser.

Durante el siglo XIV, entre los mojes pintores de las escuelas de Budismo Chan –actual Budismo Zen en Japón -, la pintura de orquídeas fue adoptada como práctica para aproximarse a la serenidad que acompaña a un espíritu diáfano y humilde. En palabras de Chüen Yin, monje pintor de la escuela del budismo Chan:

“Cuando sentimos el espíritu ligero y nuestro corazón palpita sereno, es el momento de pintar la orquídea. Sus hojas crecen como si volaran y revolotearan al viento, sus flores, se abren llenas de alegría.”

En estos meses de primavera, he sentido el deseo de rendir un homenaje a la orquídea silvestre. Pintarla una y otra vez ha significado un verdadero regalo y goce para mi espíritu, dejándome llevar por los matices de la tinta y la danza del pincel. En medio de un mundo saturado por la inmediatez y la confusión, su presencia en mi estudio se deja sentir como un aroma fresco. Por ello, le agradezco gentilmente sus enseñanzas y quedo por siempre, prendada de su belleza.

WABI-SABI 侘・寂

María Eugenia Manrique Wabi Sabi

Uno de los retos de nuestra cultura contemporánea es buscar la permanencia, intentar concluir y alcanzar la perfección.

Sin embargo….nada es permanente, nada está terminado, nada es perfecto.

Gracias a esa transitoriedad e imperfección, el transcurso del tiempo deja su impronta y permite el desgaste natural, tanto de los objetos creados, como de la misma naturaleza.

Esa belleza proporcionada exclusivamente por la fugacidad, el deterioro y la pátina del tiempo, se aproxima a la descripción del término wabi-sabi, ideal de la estética japonesa, el cual probablemente surgió como respuesta antagónica, a la suntuosidad de los grandes palacios y de las artes orientales. Conjuntamente, con la necesidad espiritual de depurar lo innecesario o superfluo, para poder encontrar la verdadera esencia de la vida.

Wabi, sugiere sutilmente conceptos de moderación, sobriedad, austeridad…                             Sabi, conlleva soledad, vejez, desgaste…

María Eugenia Manrique Alrededores de la montaña de Montserrat

El concepto de wabi-sabi se encuentra estrechamente relacionado con los principios estéticos del Zen, propuestos por Shin’ichi Hisamatsu, filósofo y erudita del budismo Zen, en particular con el principio de Kokoo o dignidad solitaria. Este principio se refiere especialmente, a los cambios naturales que se manifiestan con el paso del tiempo y que representan las cualidades de la edad. Esa pátina antigua en que se ha transformado el brillo inicial, dejando ver la belleza y la dignidad, que solo se alcanzan a través del uso y de la existencia.

En la actualidad, los principios estéticos de wabi-sabi, han impregnados diferentes ámbitos de nuestra vida contemporánea: objetos envejecidos con procesos artificiales, vestimentas rotas o desteñidas en las propias fábricas, paredes tratadas para aparentar el deterioro del tiempo…intentan suplir la necesidad natural que tenemos, de percibir las huellas por el uso o el paso del tiempo.

Más, cuando nos encontramos con cualquier objeto, auténticamente rústico, envejecido de forma natural, o que presenta irregularidades en su estructura, si nos lo permitimos, experimentaremos una sensación de belleza que evoca melancolía, o nostalgia serena, imposible de imitar artificialmente.

La simplicidad, la frescura, la aceptación de los cambios, nos regala, aunque sea por instantes, una especie de liberación del apego que tenemos hacia lo material, y nos muestra el camino hacia una vida más simple, mucho más cercana, e inherente al proceso natural de la existencia.

 Wabi-Sabi para Artistas, Diseñadores, Poetas y Filósofos

Leonar Koren - Stone Brige Press

Escrito por Leonar Koren, un arquitecto que, siendo fiel a sus principios filosóficos, rechazo diseñar estructuras de gran tamaño con ideal de permanencia, para solamente construir un rústico pabellón dedicado a la ceremonia del té. Sin dejar a un lado su potencial creativo, Koren encontró una vía para transmitir esos principios estéticos-filosóficos-espirituales de la cultura japonesa, que cambiaron el rumbo de su vida.

Este libro que ahora les presento, es otro de los libros que me acompañan y disfruto de compartir. Publicado por primera vez en 1994, por Stone Brige Press, en Berkeley, California. Posteriormente sería traducido al castellano por Margarita Kirchner, para ser publicado en este idioma por Sd.edicions, una pequeña editorial con sede en la ciudad de Barcelona, con la cual ya ha alcanzado su 5º reedición.

En las 95 páginas del libro, diseñadas y maquetadas por el propio Leonar, los párrafos se alternan con fotografías en blanco, grises y negro. Sus amplios márgenes y tipografía espaciada en tonos grises, facilitan la lectura de este excelente ensayo filosófico sobre el wabi-sabi.

Para que se animen a leerlo, les copio algunas de las líneas que tengo subrayadas:

Leonar Koren - Stone Brige Press

De la página 40:

El Universo Wabi-Sabi – Valores Espirituales:

  • La verdad proviene de la observación de la naturaleza
  • La “grandeza” existe en los detalles desconocidos y desapercibidos
  • Puede hallarse belleza en la fealdad

De la página 50:

El wabi-sabi no trata de flores maravillosas, árboles majestuosos, o escarpados paisajes. El wabi-sabi es lo intrascendente y lo oculto, lo provisional y lo efímero: cosas tan sutiles y evanescentes que resultan invisibles para la mirada ordinaria. “…para experimentar el wabi-sabi hay que aflojar el paso, ser paciente, y mirar muy de cerca.”

De la página 57:

Obviamente, llevar una vida simple wabi-sabi requiere algunos esfuerzos y también algunas decisiones difíciles. El wabi-sabi reconoce que es tan importante saber cuándo elegir, como saber cuándo “no” elegir: dejar que las cosas ocurran. Incluso en el nivel más austero de existencia material, seguimos viviendo en un mundo de cosas. El wabi-sabi versa precisamente sobre el delicado equilibrio entre el placer que nos proporcionan las cosas y el placer que conseguimos al liberarnos de ellas.

Luna y paisaje en Tenerife Norte

Quisiera concluir con una frase que escuché por primera vez de uno de mis maestros de pintura, durante mis años de formación en Bellas Artes en México. Al principio, pensé que se trataba de uno de los tantos refranes de la cultura mexicana. Años más tarde, supe que había sido escrita por el arquitecto y antropólogo Alex Von Wuthenau, como una reflexión que le surgió a raíz de su encuentro con el diseño tradicional mexicano. Una frase, que a mi parecer, guarda estrecha afinidad con los principios del wabi-sabi.

“Vale más la gracia de la imperfección que la perfección sin gracia”

Ensō円相– El Círculo Zen

Maria Eugenia Manrique Enso Círculo Zen

Papel y tinta están preparados, escojo un pincel grueso como compañero de salto, lo sumerjo en el agua con cuidado, descargo el exceso de humedad. De pie frente al papel, pincel en mano, observo y respiro. Cargo el pincel con tinta negra, me concentro en el vacío de la inmersión.

Tomo aire, y junto a una placentera sensación de vértigo, desde el Hara siento como se impulsa una corriente que alcanza mi brazo para fundirse con el pincel… somos uno, juntos sin pensar, sin dudar, dejamos que la energía siga el camino del círculo, permitiendo que la tinta haga su parte y el papel la refleje.

Pintar un círculo, es una de esas acciones que por su simplicidad, reflejan la esencia cíclica de la existencia. Breves instantes en que los pensamientos se diluyen, la mente se rinde, el cuerpo respira y se entra en el vacío – mu.

< la forma es vacío, el vacío es forma >

Durante la dinastía Tang (618 – 907 d.C.), los monjes budistas de China, pintaban círculos en tinta sobre papel como parte de sus ejercicios espirituales, con la finalidad de entrar en un estado de no-pensamiento o de meditación. Posteriormente en Japón, los mojes Zen también adoptaron la caligrafía y la pintura a tinta dentro de la práctica y enseñanza espiritual. Reconociendo en la pintura del Ensō (círculo en japonés) la expresión del todo y de la nada, de lo finito y lo infinito, del Cielo y de la Tierra, del aquí y el ahora, del vacío y la plenitud.

Al igual que la vida y la muerte, el círculo se expresa en un soplo de tiempo, que prosigue más allá de los sentidos. 

Zen en el Arte del Tiro con Arco

Escoger un libro para comenzar esta sección no me ha resultado tan sencillo.

Así que considerando que continuaré agregando libros más adelante, deje de darle vueltas al asunto y me pregunté: cuál es el libro que nunca dejarías?

Ese es el libro, el que después de muchos años de leerlo, todavía al abrirlo en casi cualquiera de sus páginas, me asegura la posibilidad de redescubrirlo. Con sus 111 páginas, un grosor menor a un centímetro, una tipografía de buen tamaño, que se deja leer con facilidad, entre amplios márgenes y espacios entre líneas que me permiten respirar y reflexionar. Ese libro, que con solo tenerlo entre las manos ya me siento a gusto

Zen en el Arte del Tiro con Arco Eugen HerrigelZen en el Arte del Tiro con Arco, escrito por Eugen Herrigel, traducido del alemán y publicado por primera vez en castellano, por la editorial argentina La Mandrágora en 1959, con el título “Zen y el Arte de los Arqueros Japoneses”. Posteriormente en 1972 otra editorial argentina KIER S.A., retomó la redición del libro, con el título que se mantiene hasta el momento, alcanzando así un buen número de reediciones en su solapa.

Particularmente yo lo tengo bastante subrayado y con las páginas señaladas. Además, como es una edición en papel reciclado y con unas cuantas decenas de años, al abrirlo tiene ese olor delicioso de los libros que, al igual que los vinos, ganan con el tiempo.

Para los que ya lo han leído, se los recuerdo y para los que no, se los recomiendo. Sin ánimo de adelantar, resumir o pasarles un tráiler, solamente les copio algunas de las líneas que tengo subrayadas.

De la introducción de Daisetz T. Suzuki:

El hombre es un ser pensante, pero sus grandes obras las realiza cuando no calcula ni piensa. Debemos reconquistar el “candor infantil” a través de largos años de ejercitación en el arte de olvidarnos de nosotros mismos. Logrado esto, el hombre piensa sin pensar. Piensa como la lluvia que cae del cielo; piensa como las olas que se desplazan en el mar; piensa como las estrellas que iluminan el cielo nocturno, como la verde fronda que brota bajo el tibio viento primaveral. De hecho, él mismo es la lluvia, el mar, las estrellas, la fronda.”

De la página 50:

“El arte genuino – exclamó entonces el maestro- no conoce fin ni intención! Cuando más obstinadamente se empeñe usted en disparar la flecha para acertar en el blanco, tanto menos conseguirá lo primero y tanto más se alejará de lo segundo. Lo que le obstruye el camino es su voluntad demasiado activa. Usted cree que lo que usted no haga, no se hará.

De la página 52:

Pero. ¿Por qué anticipar con el pensamiento lo que solo la experiencia puede enseñar?

Zen en el Arte del Tiro con Arco Eugen Herrigel