WABI-SABI 侘・寂

María Eugenia Manrique Wabi Sabi

Uno de los retos de nuestra cultura contemporánea es buscar la permanencia, intentar concluir y alcanzar la perfección.

Sin embargo….nada es permanente, nada está terminado, nada es perfecto.

Gracias a esa transitoriedad e imperfección, el transcurso del tiempo deja su impronta y permite el desgaste natural, tanto de los objetos creados, como de la misma naturaleza.

Esa belleza proporcionada exclusivamente por la fugacidad, el deterioro y la pátina del tiempo, se aproxima a la descripción del término wabi-sabi, ideal de la estética japonesa, el cual probablemente surgió como respuesta antagónica, a la suntuosidad de los grandes palacios y de las artes orientales. Conjuntamente, con la necesidad espiritual de depurar lo innecesario o superfluo, para poder encontrar la verdadera esencia de la vida.

Wabi, sugiere sutilmente conceptos de moderación, sobriedad, austeridad…                             Sabi, conlleva soledad, vejez, desgaste…

María Eugenia Manrique Alrededores de la montaña de Montserrat

El concepto de wabi-sabi se encuentra estrechamente relacionado con los principios estéticos del Zen, propuestos por Shin’ichi Hisamatsu, filósofo y erudita del budismo Zen, en particular con el principio de Kokoo o dignidad solitaria. Este principio se refiere especialmente, a los cambios naturales que se manifiestan con el paso del tiempo y que representan las cualidades de la edad. Esa pátina antigua en que se ha transformado el brillo inicial, dejando ver la belleza y la dignidad, que solo se alcanzan a través del uso y de la existencia.

En la actualidad, los principios estéticos de wabi-sabi, han impregnados diferentes ámbitos de nuestra vida contemporánea: objetos envejecidos con procesos artificiales, vestimentas rotas o desteñidas en las propias fábricas, paredes tratadas para aparentar el deterioro del tiempo…intentan suplir la necesidad natural que tenemos, de percibir las huellas por el uso o el paso del tiempo.

Más, cuando nos encontramos con cualquier objeto, auténticamente rústico, envejecido de forma natural, o que presenta irregularidades en su estructura, si nos lo permitimos, experimentaremos una sensación de belleza que evoca melancolía, o nostalgia serena, imposible de imitar artificialmente.

La simplicidad, la frescura, la aceptación de los cambios, nos regala, aunque sea por instantes, una especie de liberación del apego que tenemos hacia lo material, y nos muestra el camino hacia una vida más simple, mucho más cercana, e inherente al proceso natural de la existencia.

 Wabi-Sabi para Artistas, Diseñadores, Poetas y Filósofos

Leonar Koren - Stone Brige Press

Escrito por Leonar Koren, un arquitecto que, siendo fiel a sus principios filosóficos, rechazo diseñar estructuras de gran tamaño con ideal de permanencia, para solamente construir un rústico pabellón dedicado a la ceremonia del té. Sin dejar a un lado su potencial creativo, Koren encontró una vía para transmitir esos principios estéticos-filosóficos-espirituales de la cultura japonesa, que cambiaron el rumbo de su vida.

Este libro que ahora les presento, es otro de los libros que me acompañan y disfruto de compartir. Publicado por primera vez en 1994, por Stone Brige Press, en Berkeley, California. Posteriormente sería traducido al castellano por Margarita Kirchner, para ser publicado en este idioma por Sd.edicions, una pequeña editorial con sede en la ciudad de Barcelona, con la cual ya ha alcanzado su 5º reedición.

En las 95 páginas del libro, diseñadas y maquetadas por el propio Leonar, los párrafos se alternan con fotografías en blanco, grises y negro. Sus amplios márgenes y tipografía espaciada en tonos grises, facilitan la lectura de este excelente ensayo filosófico sobre el wabi-sabi.

Para que se animen a leerlo, les copio algunas de las líneas que tengo subrayadas:

Leonar Koren - Stone Brige Press

De la página 40:

El Universo Wabi-Sabi – Valores Espirituales:

  • La verdad proviene de la observación de la naturaleza
  • La “grandeza” existe en los detalles desconocidos y desapercibidos
  • Puede hallarse belleza en la fealdad

De la página 50:

El wabi-sabi no trata de flores maravillosas, árboles majestuosos, o escarpados paisajes. El wabi-sabi es lo intrascendente y lo oculto, lo provisional y lo efímero: cosas tan sutiles y evanescentes que resultan invisibles para la mirada ordinaria. “…para experimentar el wabi-sabi hay que aflojar el paso, ser paciente, y mirar muy de cerca.”

De la página 57:

Obviamente, llevar una vida simple wabi-sabi requiere algunos esfuerzos y también algunas decisiones difíciles. El wabi-sabi reconoce que es tan importante saber cuándo elegir, como saber cuándo “no” elegir: dejar que las cosas ocurran. Incluso en el nivel más austero de existencia material, seguimos viviendo en un mundo de cosas. El wabi-sabi versa precisamente sobre el delicado equilibrio entre el placer que nos proporcionan las cosas y el placer que conseguimos al liberarnos de ellas.

Luna y paisaje en Tenerife Norte

Quisiera concluir con una frase que escuché por primera vez de uno de mis maestros de pintura, durante mis años de formación en Bellas Artes en México. Al principio, pensé que se trataba de uno de los tantos refranes de la cultura mexicana. Años más tarde, supe que había sido escrita por el arquitecto y antropólogo Alex Von Wuthenau, como una reflexión que le surgió a raíz de su encuentro con el diseño tradicional mexicano. Una frase, que a mi parecer, guarda estrecha afinidad con los principios del wabi-sabi.

“Vale más la gracia de la imperfección que la perfección sin gracia”

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Poder y Sensibilidad


María Eugenia Manrique Poder y Sensibilidad

LA EMPERATRIZ REGENTE ZISHÍ 慈禧 (1835 – 1908)

A las puertas de la primavera, antes de que finalice este mes de marzo, en que se celebra el día internacional de la mujer trabajadora, quisiera presentar a una mujer que ejerció, durante más de 40 años, un alto poder político en la historia del imperio chino.

Pertenecía a una familia humilde, de origen manchú, y al nacer recibió el nombre de Pequeña Orquídea. Con solo 17 años,  fue elegida concubina en 5º grado del emperador Xianfeng  y al dar a luz al único heredero varón del emperador, ascendió al 2º grado, momento en que cambiaría su nombre por Zishí < Emperatriz del Palacio Occidental>, para comenzar así, su controvertida historia de poder.

Al inicio de la película “El Último Emperador”, tuvimos la oportunidad de ver una representación de la emperatriz regente, cuando estratégicamente, enviaba a buscar al hijo de su sobrino, el pequeño Pu Yi, quien con poco menos de tres años, ella decidiría nombrarlo emperador.

Aunque su vida política seguramente nos puede resultar interesante, los aspectos que deseo destacar de la emperatriz son los de calígrafa y pintora, en los que se amalgaman de alguna manera Poder y Sensibilidad.

María Eugenia Manrique

Al margen de sus actividades políticas, la emperatriz se dedicaba a la práctica de la pintura. En sus obras, realizadas con esmero, dejó clara su predilección por los temas de flores y pájaros, género conocido en la Pintura Tradicional China como Hua Niao . Particularmente, la pintura de flores y pájaros se entiende como una representación simbólica, de las relaciones de coexistencia entre los sentimientos humanos. Las emociones, los estados de ánimo y el propio temperamento, podrían encontrar su equilibrio, entre la quietud expansiva de las flores y la imprevisible libertad del vuelo de los pájaros.

Es las composiciones de la emperatriz, predomina el orden y la delicadeza de las pinceladas. Su espíritu radica más en la sutileza que en la espontaneidad, una sutileza que se afianza en el control de una técnica próxima a la perfección. Sus pensamientos, traducidos en trazos caligráficos, acompañan o reafirman poéticamente, los tiempos de retiro interior. Espacios de creación, necesarios para apartarse de los ruidos externos y reencontrarse con su propia esencia.

Sin embargo, cuando llegaba el momento de concluir la pintura, en lo más alto y siempre al centro, la emperatriz imprimía su gran sello, como queriendo expresar la importancia del poder por encima de la sensibilidad.

De todas las pinturas que conozco de la emperatriz, hay una en particular que se diferencia por unos trazos más expresivos y el simbolismo que pudiese guardar. Es una obra cuyo original, forma parte de la colección del Museo Oriental de Valladolid. La pintura muestra una flor de loto dentro de una maceta sobre una mesa vertical. Lo primero que destaca es la ausencia de la caligrafía. Al no estar acompañada de un texto, cabe entender que la imagen ha de expresarse por sí sola, de allí que nos anime a establecer una relación simbólica en esta obra.

Con relación a sus otras obras, en ésta se observan más sellos de lo habitual, los cuales son una referencia de su importancia y de las diferentes personas a las que ha pertenecido.

María Eugenia Manrique

La flor de loto, sin lugar a dudas, representa la pureza capaz de nacer en aguas pantanosas. Símbolo budista por el que todo ser humano puede salir de la ciénaga, para elevarse hacia el zenit, encontrar la claridad y mostrar un espíritu puro. Un detalle particular, es el que haya pintado la flor dentro de una maceta, apartada de su entorno natural, como mostrando que también existe la posibilidad de crecer en otros entornos, condicionados dentro de espacios limitados.

Otro aspecto simbólico que se destaca en esta obra, es la mesa que sostiene la maceta con el loto. Sus patas son ramas de un ciruelo florido, una de las plantas con mayor simbolismo en la pintura china. Principalmente, representa la capacidad de florecer en medio de las adversidades. Cuando ante el clima frío del invierno, las demás flores esperan en su letargo la llegada de la primavera, solo en los recios troncos del ciruelo, pequeñas flores se abren con delicada entereza, mostrando la capacidad cíclica de renovación de la vida.

De las diferentes interpretaciones que se han dado a esta pintura, creo que la del religioso agustino Blas Sierra de la Calle, fundador y director del Museo Oriental de Valladolid, es la más acertada. Relaciona el simbolismo de esta obra con el momento político que vivía la emperatriz a finales de la dinastía Qing, última de las dinastías del imperio chino:

Pintado a finales del S. XIX, esta obra podría simbolizar un deseo de la emperatriz Zishí doblemente expresado: por un lado, que la dinastía Qing – en el ocaso de su historia- al igual que le flor de loto, encontrase nuevas fuerzas para renacer del fango (haciendo alusión a las múltiples corrupciones en la administración); y por otro, que su dinastía pudiese florecer como el ciruelo, a pesar de la vejez del árbol y de la adversidad del invierno.

La formación de la emperatriz en las artes de la caligrafía y la pintura, está relacionada con los principios del confucionismo. Según Confucio, independientemente de su origen,  las personas que se preparaban para gobernar, debían recibir una educación integral, en la que se contemplaba especialmente la práctica de las artes, como la caligrafía, la pintura, la música, etc. Gracias a esta formación, los gobernantes podrían desarrollar las virtudes necesarias, para ejercer sus cargos de poder dentro de la honestidad y la sensibilidad.

Entiendo que el Poder se alcanza o se hereda, pero y la Sensibilidad? Podríamos quizás entenderla como una virtud innata que hemos de desarrollar para combatir los delirios del poder?. Entonces, ¿Es que acaso el poder anula la sensibilidad?

Ciertamente, creo que el mundo sería diferente si aquellos que gobiernan practicaran alguna de estas artes. Porque en ellas podrían encontrar el equilibrio necesario entre Poder y Sensibilidad, tan necesario en nuestro mundo actual.

Zhù 竹 – El BAMBÚ

Zhú - El bambú

El bambú es el 1º de los cuatro honorables caballeros, encargado de abrir las puertas de entrada a los que buscamos recorrer los senderos de la tinta y el pincel.

Gracias al bambú, además de aprender las primeras pinceladas, nos adentrarnos en la esencia más importante del viaje. Por ello, desde el inicio, hemos de mantener la mente serena para poder escucharle.

La primera enseñanza que recibí del bambú fue, no apresurar el proceso de aprendizaje para tener una base segura que me facilite, llegado el momento, disfrutar de la energía expansiva del crecimiento. Es así como crece el bambú: Una vez sembrado, el bambú pasará cerca de siete años formando sus raíces. Sin siquiera un leve indicio de su existencia, es difícil prever que este elegante caballero se prepara para salir a la superficie y sorprender al mundo con su presencia.

Ese tiempo aparentemente extenso, será el que le permitirá, una vez que surgen los primeros brotes, comenzar a crecer con tal seguridad, que puede llegar a aumentar su tamaño hasta un metro cada día!

Al igual que el tiempo que jamás regresa, el bambú crece sin detenerse ni retroceder. Contiene tal energía, que podrá regenerarse una y otra vez, sin necesidad de ser replantado.

Si nos permitimos el tiempo necesario, para desarrollar a profundidad nuestras propias raíces, obtendremos la firmeza y la seguridad para crecer, tal y como nos muestra el bambú.

Como 1º caballero, también nos enseña que poseemos la capacidad de sobreponernos a las adversidades sin perder nuestra integridad individual: La fortaleza de su estructura, no le impide ser flexible y dejarse mover por el viento. En invierno, cuando la nieve se acumula en sus ramas y hojas, hasta llegar a doblarlas, el bambú se levanta nuevamente sin tensión, permitiendo que la nieve caiga con un movimiento natural, es así como fuerza y flexibilidad se articulan en el bambú.

Cuando nos adentramos en un bosque de bambú, su frondoso verdor nos refresca visualmente, acompañándonos con el cadencioso movimiento de sus ramas, acompasadas con el sonido del viento.

Su presencia nos sugiere constancia, tenacidad y adaptabilidad. Valiosa combinación de virtudes que hemos de tener presente al pintarlo, para alcanzar la entereza de su espíritu y desarrollar sus cualidades.

Chüen Yin, monje budista de la dinastía Yuan escribió: “Cuando experimentamos emociones fuertes o sentimos contención interior, es el momento de pintar bambú”.

Zhú hacia el cielo

Las cañas de bambú crecen verticalmente hacia el cielo. En su curso, se observan claras divisiones señaladas entre nudos.  Estas divisiones son comparables a las etapas de nuestra vida. Aunque a veces no las tenemos claramente señaladas, si reflexionamos, podremos observar las fases o etapas que hemos transcurrido. Así pintamos las cañas de bambú; de una sola pincelada, con una misma energía, el pincel se detiene y continúa en cada fase de su crecimiento.

Entre nudo y nudo, el espacio vacío. La vacuidad del pensamiento, que simboliza tanto en el budismo como en el taoísmo, la meta del camino interior. Vacío que hemos de desarrollar, para poder recibir el aliento que nos nutre y fortalece.

“Las flautas de bambú son huecas y vacías, pero su contenido es inagotable”.

Es complejo describir mis sentimientos al pintar bambú. Solo puedo expresarle mi agradecimiento en cada pincelada y, una vez concluido el último trazo, escribir a su lado las palabras que cual poesía, surgen en mi corazón al momento de pintarle. Porque al bambú, le alimentan los trazos de la poesía…

Xu Wei 徐渭 (1521 – 1593)

Xu Wei

Mi primer encuentro con Xu Wei, fue en la Facultad de Arte de la Universidad de Naijing, mientras hojeaba los libros que se amontonaban en las aulas de Pintura Tradicional China. De pronto me encontré con la libertad expresiva y la vitalidad de sus trazos. Ese día lo pasé absorta en esas manchas que creaban formas tan llenas de vida, esas manchas que me llevaron a buscar más información sobre la persona que las había creado.

Entre gestos, diccionarios y más libros de historia del arte chino, mis compañeras de clase, siempre dispuestas, me “presentaron” a Xu Wei, considerado como el pintor más liberal y expresionista de la dinastía Ming. Su influencia en las futuras generaciones de pintores chinos, ayudo a abrir importantes compuertas para la expresión pictórica, que se vieron manifiestas en las obras de los futuros artistas conocidos como los individualistas y excéntricos de Yanggzhou.

Bastante desconocido en nuestro mundo occidental, Xu Wei vivió en el siglo XVI, período en que el arte europeo vivía el Clasicismo renacentista y la transición al Manierismo.

Me deleito en pensar que mientras Miguel Ángel, en Florencia, se entregaba a la talla de sus últimas esculturas “non finitas”, dejando en cada huella de cincel el pulso de su energía vital, en la ciudad Shaoxing, Xu Wei en su pequeño estudio, embriagado por los vapores del vino, se oponía a todas las reglas compositivas, para pintar con un estilo expresionista, fragmentos de pequeñas plantas, frutas, insectos….que surgen de la tinta salpicada, y se sostienen sobre el papel con un asombroso equilibrio, entre la delicadeza y la intensidad de los trazos.

Conocido como el “Hombre montaña del estanque celestial”, Xu Wei también fue calígrafo, poeta y dramaturgo. Alcanzo en edad temprana el reconocimiento como artista, pero a partir de la muerte por traición de su mentor y protector – un militar de alto rango -, la inseguridad y el temor se apoderaron de él convirtiéndole en un ser humano polémico y atormentado.

Su mente perturbada y paranoica, le llevó al extremo de quitarle la vida a su segunda esposa, agredirse físicamente a sí mismo e intentar suicidarse varias veces. Estuvo prisionero durante varios años, pero fue liberado a los 53 años gracias al respeto y admiración que le tenían un grupo de amigos intelectuales y académicos.

En un pequeño estudio, conocido como <El estudio de la vid verde> Xu Wei vivió los siguientes 19 años, dedicado por entero a la pintura y la escritura hasta el momento de su muerte, en la misma ciudad donde nació.

El estudio de Xu Wei se encuentra escondido en medio de la ciudad de Shaoxing, en un barrio típico que todavía mantiene el sabor de la China ancestral.

Para llegar al estudio hay que “perderse”, caminar entre un enjambre de callejuelas y bocacalles. Detrás de las casas; transcurren lentamente las barcas por los canales, entre la música de las flautas, el canto de los pájaros y la vida familiar. Por fortuna, en esas calles siempre te encuentras con algún niño amigo que te ayuda a descubrir el camino hacia tu destino.

canales de Shaoxing

Para acceder al estudio hay una pequeña caseta donde se ha de pagar el acceso. Luego, la tranquilidad del jardín. Con un sendero ondulante que te lleva ante una hermosa entrada circular, de clásico estilo chino, que antecede al estudio.

texto alternativo

Al pasar la entrada, te encuentras el “Estanque Celestial” con aguas perennes que nunca se desbordan. En la pared del fondo, los troncos retorcidos de la antigua vid, único testigo vivo de la existencia de Xu Wei.

A la derecha del estanque, la puerta del estudio….

Hace pocos años, visité el estudio de Xu Wei. En medio de la sencillez y el silencio del espacio, rodeada por sus pinceles, caligrafías y pinturas, sentí una profunda emoción y recogimiento. Allí dentro, gracias al respeto que se le mantiene al artista, no se permite hacer fotos. Todo lo has de guardar en tu corazón.

Recuerdo que al encontrarme frente a sus caligrafías, comencé instintivamente con mis dedos a copiar sus trazos en el aire. Al verme, el encargado con una especie de complicidad, se acercó para comentarme que tenían a la venta publicaciones de sus obras….pero el impulso o bien, la necesidad primaria de sentir sus trazos en mis manos, era inevitable.

Caligrafias de Xu Wei

Ahora en mi estudio, cuando abro los libros-cuadernos con las pinturas y las caligrafías de Yu Wei, rememoro en mis manos y en mi corazón ese momento.

Xu wei 2

Entrada estudio Xu Wei084

Entrada para el estudio

Cómo llegar...

Cómo llegar…

Ensō円相– El Círculo Zen

Maria Eugenia Manrique Enso Círculo Zen

Papel y tinta están preparados, escojo un pincel grueso como compañero de salto, lo sumerjo en el agua con cuidado, descargo el exceso de humedad. De pie frente al papel, pincel en mano, observo y respiro. Cargo el pincel con tinta negra, me concentro en el vacío de la inmersión.

Tomo aire, y junto a una placentera sensación de vértigo, desde el Hara siento como se impulsa una corriente que alcanza mi brazo para fundirse con el pincel… somos uno, juntos sin pensar, sin dudar, dejamos que la energía siga el camino del círculo, permitiendo que la tinta haga su parte y el papel la refleje.

Pintar un círculo, es una de esas acciones que por su simplicidad, reflejan la esencia cíclica de la existencia. Breves instantes en que los pensamientos se diluyen, la mente se rinde, el cuerpo respira y se entra en el vacío – mu.

< la forma es vacío, el vacío es forma >

Durante la dinastía Tang (618 – 907 d.C.), los monjes budistas de China, pintaban círculos en tinta sobre papel como parte de sus ejercicios espirituales, con la finalidad de entrar en un estado de no-pensamiento o de meditación. Posteriormente en Japón, los mojes Zen también adoptaron la caligrafía y la pintura a tinta dentro de la práctica y enseñanza espiritual. Reconociendo en la pintura del Ensō (círculo en japonés) la expresión del todo y de la nada, de lo finito y lo infinito, del Cielo y de la Tierra, del aquí y el ahora, del vacío y la plenitud.

Al igual que la vida y la muerte, el círculo se expresa en un soplo de tiempo, que prosigue más allá de los sentidos. 

Zen en el Arte del Tiro con Arco

Escoger un libro para comenzar esta sección no me ha resultado tan sencillo.

Así que considerando que continuaré agregando libros más adelante, deje de darle vueltas al asunto y me pregunté: cuál es el libro que nunca dejarías?

Ese es el libro, el que después de muchos años de leerlo, todavía al abrirlo en casi cualquiera de sus páginas, me asegura la posibilidad de redescubrirlo. Con sus 111 páginas, un grosor menor a un centímetro, una tipografía de buen tamaño, que se deja leer con facilidad, entre amplios márgenes y espacios entre líneas que me permiten respirar y reflexionar. Ese libro, que con solo tenerlo entre las manos ya me siento a gusto

Zen en el Arte del Tiro con Arco Eugen HerrigelZen en el Arte del Tiro con Arco, escrito por Eugen Herrigel, traducido del alemán y publicado por primera vez en castellano, por la editorial argentina La Mandrágora en 1959, con el título “Zen y el Arte de los Arqueros Japoneses”. Posteriormente en 1972 otra editorial argentina KIER S.A., retomó la redición del libro, con el título que se mantiene hasta el momento, alcanzando así un buen número de reediciones en su solapa.

Particularmente yo lo tengo bastante subrayado y con las páginas señaladas. Además, como es una edición en papel reciclado y con unas cuantas decenas de años, al abrirlo tiene ese olor delicioso de los libros que, al igual que los vinos, ganan con el tiempo.

Para los que ya lo han leído, se los recuerdo y para los que no, se los recomiendo. Sin ánimo de adelantar, resumir o pasarles un tráiler, solamente les copio algunas de las líneas que tengo subrayadas.

De la introducción de Daisetz T. Suzuki:

El hombre es un ser pensante, pero sus grandes obras las realiza cuando no calcula ni piensa. Debemos reconquistar el “candor infantil” a través de largos años de ejercitación en el arte de olvidarnos de nosotros mismos. Logrado esto, el hombre piensa sin pensar. Piensa como la lluvia que cae del cielo; piensa como las olas que se desplazan en el mar; piensa como las estrellas que iluminan el cielo nocturno, como la verde fronda que brota bajo el tibio viento primaveral. De hecho, él mismo es la lluvia, el mar, las estrellas, la fronda.”

De la página 50:

“El arte genuino – exclamó entonces el maestro- no conoce fin ni intención! Cuando más obstinadamente se empeñe usted en disparar la flecha para acertar en el blanco, tanto menos conseguirá lo primero y tanto más se alejará de lo segundo. Lo que le obstruye el camino es su voluntad demasiado activa. Usted cree que lo que usted no haga, no se hará.

De la página 52:

Pero. ¿Por qué anticipar con el pensamiento lo que solo la experiencia puede enseñar?

Zen en el Arte del Tiro con Arco Eugen Herrigel

Traducción del Prólogo a la Colección de Poemas del Pabellón de las Orquídeas

Orchid pavillion

Al inicio de una tarde de primavera, en el noveno año del período de la Eterna Armonía, correspondiente al año de Buey de Agua. Reunidos, nos dirigirnos al Pabellón de las Orquídeas, para purificar y limpiar las energías, bajo la sombra de las cordilleras cercanas. Sabios y virtuosos, jóvenes y ancianos, unos junto a otros formamos el grupo.

Rodeados por altas cimas y escarpadas montañas, bosques frondosos y enormes bambúes. Las aguas cristalinas del arroyo, fluyen con rapidez reflejando la luz que resplandece en ellas. De izquierda a derecha, reconducimos el curso sinuoso de las aguas, para dejar en ellas flotar nuestros vasos.

Nos sentamos en hilera junto a la orilla. Aun cuando no nos acompañan los sonidos de las flautas de Bambú, ni la música de cuerdas del Hsien, alternar uno a uno las copas de vino con agradables coloquios, cantos y poemas, nos motiva a expresar nuestros sentimientos más profundos y sinceros. En este día, pleno de luz y de aire puro, transcurre el viento plácidamente. Si miramos arriba, el inmenso universo. Si miramos abajo, la multitud de seres. En este entorno, desplegar la mirada y abrir el corazón, extreman el placer de los sentidos. ¡Tanta felicidad, nos llena de alegría y nos  invita a reír!

Durante el breve tiempo que dura la existencia, las personas abrigan sus afectos y se reúnen entre amigos. Para sus confidencias, unos prefieren la intimidad de sus casas. Otros, se entregan con libertad a sus pasiones y se decantan por los espacios externos para expresar sus sentimientos. Apacibles o ruidosos, los distintos temperamentos se alegran por igual al obtener sus logros temporales. Momentáneamente se sienten satisfechos, y son felices sin percatarse de la ineludible vejez. Después, cuando se encuentran exhaustos y fatigados, los sentimientos se transforman al igual que las circunstancias, dando lugar a la nostalgia. En un suspiro, pasan las alegrías, que se agrupan en los espacios ya vividos. No hay manera de evitar la emoción en los recuerdos. La vida larga o corta, sigue consecuentemente las leyes de la transformación. En la antigüedad, una persona dijo: “nacer y morir son igualmente de gran importancia”. ¿Esto es todo? ¡Es acaso tan desolador!

Cuando leo las obras escritas por los antiguos, observo como si afligidos por igual, hubiesen pactado expresar los mismos sentimientos. Incapaz de explicarme, sus textos me conmueven. Dicen que es igual nacer o morir, por naturaleza sé que no es lo mismo. También es absurdo decir que da igual ser longevo que morir joven.

Tristemente, los lectores del futuro mirarán el ahora como en el presente miramos el pasado. Por lo cual, escribiré los nombres y escritos de todos los presentes.

Aunque cambien los tiempos, las generaciones y las circunstancias, todos los seres por igual abrigamos las mismas emociones. Tal vez, aquellos que en el futuro lean esta obra, sientan también su corazón conmovido.

Prólogo Pabellón de las Orquídeas